Desde mediados de la década de los noventa la palabra Internet cobró fama en los medios de comunicación masiva y ya para el 2000 resulta extraño no haber oído hablar de una comunicación que se realiza mediante ordenadores –o máquinas computadoras– decimos en Argentina. En la mayor parte de los países de América Latina los usos de internet en sus orígenes estuvieron en manos o de organismos gubernamentales o de personas que realizan actividades científicas, aunque entre los grupos de algunos profesionales y científicos, las conexiones fueron individuales. Recordemos que la Red nació como idea por los usos militares y luego fue aprovechada en innovación de ciencia y tecnológica por distintas universidades de los Estados Unidos subsidiadas por el estado y posteriormente algunas empresas también subsidiaron investigaciones pero sobre la extensión de los conocimientos dando lugar al inicio y la propagación de Sillicon Valley.
La cibernética fue un término –hoy en desuso– que prevaleció durante la década de los cincuenta y que predecía el control del estado en el crecimiento de las grandes máquinas que los españoles al estilo de los americanos del norte nombran como el ordenador y que los hispanoblantes del sur denominamos la PC, o la máquina, con característica de femineidad. Los artículos que preceden a las denominaciones de los objetos dan el género haciendo de la o de él, una asimilación a lo femenino o a lo masculino otorgando una animación a los mismos.
Con la masificación del uso de las tecnologías los lenguajes cambiaron e independientemente de los idiomas. Las imágenes televisivas alteraron las funciones psíquicas de los individuos y los actos del habla privados, como también las campañas publicitarias y las letras de la música popular. Los lenguajes cambian mucho más por las formas de comunicacionales derivadas de la aplicación de las tecnologías de comunicación e información, en este campo la transmisión de mensajes también representan intereses, quiénes emiten los mensajes son al igual que otros medios, gobiernos, empresas, el capital transnacional, o personas individuales. Tanto individualmente como de manera cultural ampliada la recepción de mensajes está sometida a las variabilidades culturales de cada región del planeta. En la globalización informática no existe una sola fuerza que decida todo, como tampoco es posible apelar al modelo de emisor–receptor ingenieril de la comunicación. La libertad de opción, de aceptar o rechazar mensajes, de formar o no comunidades sumerge a los sujetos en el terreno de la diversidad. La telemática concitó nuevas formas de comunicación y nuevas formas de producción –también de valores que se adecuan a lo que hoy se entiende por multiculturalismo– pero configura una cultura específica en el ciberespacio, conformada la distancia y formada por componentes de la vida social, del trabajo, de la producción, del comercio, del dinero, la política, la ciencia, las identidades, la memoria.
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